Día 19 de Agosto:
Aleee, todos a hacer las mochilas, que nos vamos de Kyoto. Ya se nos estaba olvidando lo que era cargar con ella como un caracol.
Terminamos nuestra andadura por Kyoto, con destino final Tokyo. Pero antes haremos una parada "mística" en Koyasan, o Monte Koya. Una zona montañosa al sur de Osaka, donde dicen que Kobo Daishi fundó la secta budista Shinghon. El pueblo de 3 km de largo, se encuentra entre 8 montes, tiene más de 100 templos donde se ofrece alojamiento, y un cementerio simplemente "espectacular".
El viaje hasta allí podría contarse en una versión corta: Kyoto (10:00) - Koyasan (18:00)
o en algo más extendido, que para eso está este blog, no? para que dentro de un tiempo cuando ya no me acuerde ni de cómo me llamo, lo lea y recuerde todas estas vivencias.
Realmente no es que se tarde tanto en llegar, pero si el que te atiende en la oficina del Japan Rail en Kyoto, no tiene el día amable y no te especifica correctamente el tren que tienes que coger, si no que sólo te dice la hora a la que sale... pues pasa lo que pasa.. que a poco más y terminamos en Tokyo.
Cuando ya llevábamos media hora en el tren, anunciando que el destino era Tokyo, ya me empecé a poner nerviosa porque íbamos en sentido contrario. La siguiente parada del tren era en Nagoya, así que fuese dónde fuese, teníamos que bajar para dar la vuelta.
En esa estación si que nos explicaron con detalle qué trenes teníamos que coger. La ruta a seguir sería esta:
Nagoya(11:10) -> Shin-Osaka(esta estación me suena, jejeje) (12:03)
Shin-Osaka(13:00) -> Wakayama (14:00)
Wakayama(14:55) -> Hashimoto
Hashimoto -> Gokurakubashi
Funicular Gokurakubashi-> Koyasan Station(17:50)
En realidad, desde Kyoto, debería tardarse sólo dos horas y media, en vez de 8, pero bueno..
Entre trenes, funiculares, autobuses, aviones, tranvías, taxis, ferry, coche y bicicletas.. creo que sólo nos queda montar en patinete, rickshaw, globo y moto para cubrir todos los medios de transporte.
Desde la estación de Koyasan tenemos que coger un autobús que nos lleve al otro extremo del pueblo, hasta Okunoin-mae (el cementerio) donde tenemos el albergue.
La verdad es que en las fotos parecía otra cosa. Es un sitio "curioso". Como una caseta de chapa al lado de la carretera, que cuando abres la puerta de la calle, sólo ves pasillo donde está la recepción/cocina/sala común, los lavabos, los baños, las habitaciones y las "celdas". Son como cápsulas pero con ventana y bastante espacio hacia el techo. Todo está en blanco y madera. Tiene aspecto moderno y agradable, aunque el hecho de estar todo en un pasillo se hace extraño.
En una hora se hará de noche así que aprovechamos las indicaciones del "amable" recepcionista para visitar el cementerio antes de que el único restaurante abierto cierre y el albergue cierre la puerta por el toque de queda.
Antes de salir por la puerta, le pregunto al recepcionista:
-¿Sabes si hay mosquitos en el cementerio?
-Si, muchísimos, y también hay fantasmas
-Ya, pero esos no pican así que no me preocupan.
Ale, manga larga y pantalón largo todos!!
Decir que este cementerio está abierto al público ya que está en medio de la foresta, lo que le da un aire fantasmagórico único. Como si fuese un bosque encantado. El poder verlo de noche no tiene precio. (aunque a María no le hace ninguna gracia). Hay más de 200.000 de tumbas cubiertas por el musgo, con formas tan variadas, que lo mismo te encuentras el torso esculpido de un bebé, como un cohete espacial o una taza de café gigante. Se ve que el señor Saimaza eligió descansar aquí y le rindieron homenaje. Si bien la oscuridad no permitir percibir la extensión real del cementerio, la atmósfera que genera es inquietante a la par que atrayente. Piensas, "uy qué miedito", pero también "qué habrá más adelante?". Así llegamos hasta el templo escondido donde se encuentra el mausoleo de Kobo Daishi y la sala de las lámparas. Para acceder a él está el puente Ichinohashi a partir del cual queda prohibido comer, beber y hacer fotografías (ejem, ejem.. esto va a ser que me lo voy a saltar, corriendo el riesgo de que Kobo Daishi me maldiga por siglos, pero sólo voy a estar aquí una vez en la vida.. )
Por hoy ya han sido suficientes tumbas. Mañana volveremos de día. Ahora nos vamos a cenar al único sitio abierto de la zona, un restaurante familiar donde sirven diferentes platos de curry. La dueña es una señora pequeñita que hace lo que puede por entendernos y trata de explicarnos que estuvo en Barcelona y conoce quién es Gaudí. Estos japoneses no dejan de sorprenderme. En un pueblo perdido en la montaña y conocen a Gaudí!!
Del restaurante a la cama. Entre que no hay nada que hacer por esta zona y que el albergue tiene toque de queda a las 11... no nos dejan elección.
lunes, 19 de agosto de 2013
domingo, 18 de agosto de 2013
Será esta la última entrada??
Día 18 de Agosto:
"Aiiichhh cómo pica!!!" Así despierta Sara hoy, después del ataque mosquitil de ayer en los toriis.
Pues nuestro destino de hoy, no creo que sea de ayuda para el picor, porque nos desplazaremos hasta la zona de Arashiyama, en la parte norte de Kyoto, para visitar el famooooso bosque de bambú. Qué nueva variedad de mosquito nos estará esperando allí? Y es que esto empieza a ser como los cromos, "a veeer.. me falta la picadura de Hiroshima y la de Aso...ah, pues yo esas las tengo repes, te las cambio".
Pero como todo el mundo que viene a Kyoto, va a ver el bosque de bambú, no vamos a ser los únicos que no lo vean, no?
Pero como todo el mundo que viene a Kyoto, va a ver el bosque de bambú, no vamos a ser los únicos que no lo vean, no?
Lo mismo han debido de pensar las hordas de turistas que siguiendo a guías con banderitas, van caminando por la senda custodiada por verdes bambús impidiendo sacar una foto de las que a mi me gustan, SIN NADIE!! Así que lo doy por imposible.. y seguimos camino. Aunque el recorrido no es largo y es agradable al estar en sombra, hay varias formas de hacerlo: en bici, se pueden alquilar a la salida de la estación de tren o en rickshaw, también conocido como jinrikisha.
No he comentado hasta ahora en qué consisten, aunque se pueden ver por muchas zonas turísticas. Viene a ser como una calesa de sólo dos ruedas, con un soporte delantero del que va tirando un chico japonés, fornido y morenito. Curiosamente los japoneses no suelen ser muy agraciados, pero los chicos de los rickshaw tienen su aquél. No tengo idea de lo que puede costar porque siempre los rechazamos cuando nos los ofrecían, pero son muy bonitos y sus dueños los tienen muy cuidados.
Por suerte, no ha habido rastro de mosquitos en el bosque de bambú. Menos mal!! A continuación del bosque, hay un parque dedicado a un poeta chino, que llega hasta el río. Las vistas desde el río ofrecen
un paisaje de frondosas laderas que en otoño, con los tonos rojos y amarillos, debe ser espectacular.
Al llegar nos damos cuenta que este río es donde se hace la pesca nocturna con cormorán. Hubiese estado chulo asistir, pero es lo que tiene no preparar las salidas.. que te pierdes muchas cosas..
Hemos terminado la excursión prontito, así que nos volvemos a Kyoto a comer en el mercado de comida de Nishiki. El mercado realmente es una calle abovedada de esas que tanto les gustan aquí en Japón para poner galerías comerciales. Son como 500 metros donde habrá más de 100 puestos. Mezclan platos cocinados con productos frescos, encurtidos, dulces y caramelos, té, ropa y sandalias típicas. Está cerca de Gion y Ponto-cho y comunica con otras dos galerías de tiendas: Teramachi-dori y Shinkiogoku-dori, donde se pueden encontrar kimonos de segunda mano a buen precio.
La comida no ha sido ningún éxito, la verdad, hemos vuelto a comer las bolitas de pulpo y algunos fritos de pasta de pescado que no tenían un sabor muy agradable. Para quitar el mal sabor de boca, Samu se compra uno de esos pececitos dulces rellenos de pasta de judía roja. Revoloteamos un poco entre las tiendas para hacer tiempo antes de ir a visitar Gion de día, a ver si "cazamos" alguna geisha.
De Gion, podemos decir que es agradable para pasear entre casas de madera con look antiguo, reconvertidas en restaurantes. Sin embargo, encontrar una geisha a las 7 de la tarde con cientos de personas a la busca y captura de alguna que se atreva a salir de casa, para sacarle una foto, es "Misión Imposible" aunque Tom Cruise no esté protagonizándola.
Ya se está poniendo el sol y aprieta el hambre. Nuestro objetivo es probar el pez globo, también conocido como "Fugu". El pescado que requiere una carrera universitaria de especialización para aprender a cortarlo correctamente, evitando la zona venenosa. En el restaurante de anoche, la camarera que hablaba español nos recomendó el único restaurante de Fugu que lo tiene fuera de temporada, ya que es típico del invierno. Nos marcó un punto en el mapa, justo al lado del río, por donde nos hemos estado moviendo todos estos días.
Parecía fácil, sin embargo, después de andar y desandar la misma calle por 3 vez, Edu opta por preguntar a un paisano que iba en bicicleta. Atención que viene otra muestra de la buena voluntad de esta gente... El hombrecillo de la bicicleta, examina el mapa y decide ayudarnos, pero antes va hasta un parking de bicicletas cercano, para acompañarnos andando hasta el lugar (en sentido contrario hacia donde él se dirigía). Parecía tenerlo claro, pero cuando llegamos por cuarta vez a la calle donde ya habíamos estado, empezamos a sospechar que no tiene mucha idea.
El que pare a preguntar a un vecino de por allí, nos corrobora que no sabe dónde está el sitio. Entre los dos se ponen a mirar el mapa, del derecho, del revés...Como esto siga así, vamos a acabar con todo el barrio guiándonos. Vuelta para arriba, vuelta para abajo.. tantos restaurantes de Fugu hay aquí como para que no sepan saber cuál es??
Después de más de media hora, damos con ello. Le damos mil gracias al chico por su inestimable ayuda y entramos a comer el dichoso pescaito. Hay un acuario en la puerta con varios ejemplares. Parece un pez bastante tonto. Sube hasta arriba y cae a plomo hasta el fondo, rebota y vuelve a subir. Así todo el rato. Y es que tiene unas aletitas tan pequeñas para el tamaño de su cuerpo que dudo que puedan nadar.
Grego y Sara prefieren seguir con vida mañana, así que allí nos dejan y se van a cenar a otro sitio. Tenemos alguna dificultad para entendernos con la camarera porque no habla nada de inglés pero al final conseguimos pedir algo ¿comestible? Un carpaccio de Fugu crudo, un sashimi y un sukiyaki. Todo regado con el tradicional sake caliente con aletas secas de fugu infusionadas.
Es difícil hacer una reflexión sobre esta delicatessen conocida internacionalmente, la verdad. Quedaría estupendamente decir que es un manjar de dioses, pagado a precio de caviar, pero la verdad, es que ni fue tan caro, ni estaba tan bueno. Simplemente, no sabía a nada, y cuando digo nada, es nada. Por mucho que Samu diga que es que no tenemos paladar para apreciarlo... tonterías... y encima correr el riesgo de morir por envenenamiento.. A ver si mañana seguimos en pie...
Después de la super carne de Hida y el delicatessen de Fugu, empiezo a pensar que es todo puro marketing y que los españoles somos unos garrulos al no sacarle partido a todas las cosas deliciosas que tenemos en nuestra gastronomía. Si promocionásemos internacionalmente el chuletón de Ávila, la fabada asturiana, el marisco gallego, la tortilla, el pan con tomate, etc, etc, etc... otro gallo nos cantaría, desde luego.
Bueno, no voy a contar lo más impactante de la cena, hasta que no suba el video que grabamos. Así que tocará esperar un poco.
Al irnos, Samu le pregunta al cocinero, cuando se infla un pez globo, ya que en la pecera no hemos visto a ninguno hinchado. ¿Sabéis cuál es la respuesta? Pues cuando están fuera del agua, por el ahogamiento que sufren. Ale, ya hemos aprendido algo hoy. Bus y para el albergue.
sábado, 17 de agosto de 2013
Un buda enorme y mil mosquitos pequeños
Día 17 de Agosto:
Hoy nos vamos de excursión a Nara. Una localidad a 45 minutos de Kyoto en tren express.
En vista de que a media mañana nos entra siempre el hambre y que nos dan las tantas decidiendo sitios para comer, me preparo unos oniguiris con el arroz especiado que sirven en la versión japonesa del desayuno.
En Nara hay dos estaciones de tren, la de Nara que pertenece al Japan Rail Pass que está donde Cristo perdió la zapatilla, y la de Kintetsu, cerquita de los puntos de interés. En la oficina de turismo de la estación nos dicen que la zona interesante está a 20 minutos andando... y un cuerno! Al menos son 45 minutos bajo el sol naciente y aroma a cagarrutas de ciervo por todas partes.
Así no se pueden ver los sitios porque cuando llegas estás ya harto de andar, pero bueno, es lo que tiene venir en verano (No se lo recomiendo a nadie)
Nara, es conocida por estar cerca de Kyoto y poder visitarse en un día. Dispone de templos, museos, parques y jardines, todos ellos llenos de ciervos sueltos que mendigan por una galleta que te venden allí mismo. No sé qué les echarán las abuelillas que venden las galletas, pero los animales parecen auténticos yonkis y en ocasiones empujan sin piedad a niños y mayores con tal de alcanzar su objetivo.
Para quién no haya estado en Miyajima, puede resultar atractivo el ver a los ciervos tan de cerca, pero al menos para mi, es más de lo mismo y sólo pido que no haya pulgas entre tanta caca de animal porque somos el objetivo ideal.
Por fin llegamos al que será nuestro único punto de interés a visitar, el Todaijii. El mayor edificio de madera del mundo, con un buda de bronce de 16 metros en su interior. La entrada son 500 yenes, pero merece la pena pagarlos. Además en el interior se encuentran maquetas de los distintos edificios que albergaron previamente al buda. También hay una columna de madera con un agujero en la base, del tamaño del orificio de la nariz del gran buda, en el que niños hacen cola para atravesarlo y así conseguir la iluminación.
Como ninguno de nosotros cabe por el agujero, probamos suerte con uno de esos palitos de la buena fortuna tan populares entre los japoneses. Consiste en pagar 100 yenes por sacudir una caja octogonal de madera que contiene palitos con números. Se saca un palito y se enseña al encargado de repartir los folletos de la suerte. En nuestro caso, ¿cuál nos tenía que tocar? pues está claro, el peor de todos. Tan malo debía ser que una mujer que lo vio se tapó los ojos y se fue. Al ser malo, se tiene que dejar atado en unos alambres a la entrada del templo, para que el viento se lleve esa mala suerte. (No ha debido soplar mucho viento, porque después de volver del viaje, ya en Madrid, parece que nos ha mirado un tuerto.. en fin..)
Deshacemos el camino rumbo a la estación de tren, ojeando los puestecillos de souvenirs que hay a la salida del templo. ¿A que no adivináis qué hora es? Pues si, la hora de comer, y nosotros sin comer. Menos mal que tengo mis triangulitos de arroz..
Samu, Edu y María esperan cola en un restaurante que parece muy solicitado. Últimamente nos basamos en el número de gente que haya esperando para elegir, y este tiene bastante, así que será por algo. En la entrada tienen fotos del dueño presentando la especialidad de la casa en programas de televisión y rodeado de famosos locales que visitan su establecimiento. Por lo que se ve en las fotos, el plato estrella es una especie de saco, flotando en caldo. Hasta que no terminaron de comer no supimos el misterio que contenía el saco. Al parecer era un ramen invertido. Habíamos dado con el Ferrá Adriá de Nara!! Es un saco hecho con algo rebozado y frito con textura dura, que no llegaron a saber de qué se trataba... podía ser tripa de ciervo, piel de ciervo... mejor no pensarlo. El saco se abre al servirlo y su contenido de noodles se vierte en el caldo.
Después de comer volvemos al tren y caemos en la cuenta de que nos pilla de camino el famoso templo de Fushimi Inari Shrine. El de los toriis naranjas, para que nos entendamos todos. Está sólo a dos paradas antes de Kyoto volviendo de Nara. Nada más poner el pie en el andén del tren ya hay toriis por todas partes, y el recinto del templo se encuentra cruzando la calle, lo que se agradece.
Sara y yo íbamos con muchas ganas a esta visita. Ella porque le gustan los toriis, y yo porque es uno de los sitios ideales para inflarse a hacer fotos. El recorrido completo son varios kilómetros y se necesitan al menos 2 horas para recorrerlo todo. El que nosotros no pasáramos de los dos primeros túneles, no se debió al tiempo, que de eso teníamos de sobra, ni al calor, ya que estábamos por zona de sombra, si no que éramos el blanco perfecto para los miles de millones de mosquitos que vivían agazapados entre los toriis esperando nuestra llegada.
Fue un no parar, sólo se oían manotazos en las piernas matando mosquitos, y para estar pasándolo mal, nos fuimos. Una pena, pero después de estar acumulando veneno en nuestra sangre durante 16 días y sin un milímetro de piel sana en las piernas, cualquiera se arriesgaba a quedarse allí...
Al terminar la excursión más pronto de lo esperado, nos dio tiempo a pasar por el albergue a descansar un ratito y buscar algún sitio para cenar. Nos recomiendan un sitio para comer sushi, en la zona del rio, porque Samu sigue empeñado con que no ha comido sushi todavía (tiene la misma memoria que Dori la de Buscando a Nemo).
Resulta ser un restaurante de sushi giratorio donde vas cogiendo platos de colores, cada uno con un precio diferente, pero a esas horas ya no lo tienen disponible y se pide de la carta. Eso sí, de forma remota mediante un iPad instalado en la mesa. Muy chulo y nada caro para ser un sitio de sushi. La anédota de la cena fue que la camarera que nos atendía, hablaba castellano perfectamente porque había estado viendo en España con su novio catalán. En el sitio menos esperado te encuentras a gente muy curiosa.
Al salir del restaurante vamos a pasear por Gion, el barrio antiguo de las Geishas, aprovechando que no hay oleadas de gente que como paparazzis, intentan capturar la imagen de alguna geisha de la zona. Y lo mismo que nosotros debieron pensar las 2 que vimos, jejeje. Sin tenerlo previsto, allí estaban. Ya podemos tacharlo de la lista de "Cosas a hacer si vas a Japón".
Y sin más que hacer por hoy, vuelta al albergue en taxi, que mañana será otro día.
Hoy nos vamos de excursión a Nara. Una localidad a 45 minutos de Kyoto en tren express.
En vista de que a media mañana nos entra siempre el hambre y que nos dan las tantas decidiendo sitios para comer, me preparo unos oniguiris con el arroz especiado que sirven en la versión japonesa del desayuno.
En Nara hay dos estaciones de tren, la de Nara que pertenece al Japan Rail Pass que está donde Cristo perdió la zapatilla, y la de Kintetsu, cerquita de los puntos de interés. En la oficina de turismo de la estación nos dicen que la zona interesante está a 20 minutos andando... y un cuerno! Al menos son 45 minutos bajo el sol naciente y aroma a cagarrutas de ciervo por todas partes.
Así no se pueden ver los sitios porque cuando llegas estás ya harto de andar, pero bueno, es lo que tiene venir en verano (No se lo recomiendo a nadie)
Nara, es conocida por estar cerca de Kyoto y poder visitarse en un día. Dispone de templos, museos, parques y jardines, todos ellos llenos de ciervos sueltos que mendigan por una galleta que te venden allí mismo. No sé qué les echarán las abuelillas que venden las galletas, pero los animales parecen auténticos yonkis y en ocasiones empujan sin piedad a niños y mayores con tal de alcanzar su objetivo.
Para quién no haya estado en Miyajima, puede resultar atractivo el ver a los ciervos tan de cerca, pero al menos para mi, es más de lo mismo y sólo pido que no haya pulgas entre tanta caca de animal porque somos el objetivo ideal.
Por fin llegamos al que será nuestro único punto de interés a visitar, el Todaijii. El mayor edificio de madera del mundo, con un buda de bronce de 16 metros en su interior. La entrada son 500 yenes, pero merece la pena pagarlos. Además en el interior se encuentran maquetas de los distintos edificios que albergaron previamente al buda. También hay una columna de madera con un agujero en la base, del tamaño del orificio de la nariz del gran buda, en el que niños hacen cola para atravesarlo y así conseguir la iluminación.
Como ninguno de nosotros cabe por el agujero, probamos suerte con uno de esos palitos de la buena fortuna tan populares entre los japoneses. Consiste en pagar 100 yenes por sacudir una caja octogonal de madera que contiene palitos con números. Se saca un palito y se enseña al encargado de repartir los folletos de la suerte. En nuestro caso, ¿cuál nos tenía que tocar? pues está claro, el peor de todos. Tan malo debía ser que una mujer que lo vio se tapó los ojos y se fue. Al ser malo, se tiene que dejar atado en unos alambres a la entrada del templo, para que el viento se lleve esa mala suerte. (No ha debido soplar mucho viento, porque después de volver del viaje, ya en Madrid, parece que nos ha mirado un tuerto.. en fin..)
Deshacemos el camino rumbo a la estación de tren, ojeando los puestecillos de souvenirs que hay a la salida del templo. ¿A que no adivináis qué hora es? Pues si, la hora de comer, y nosotros sin comer. Menos mal que tengo mis triangulitos de arroz..
Samu, Edu y María esperan cola en un restaurante que parece muy solicitado. Últimamente nos basamos en el número de gente que haya esperando para elegir, y este tiene bastante, así que será por algo. En la entrada tienen fotos del dueño presentando la especialidad de la casa en programas de televisión y rodeado de famosos locales que visitan su establecimiento. Por lo que se ve en las fotos, el plato estrella es una especie de saco, flotando en caldo. Hasta que no terminaron de comer no supimos el misterio que contenía el saco. Al parecer era un ramen invertido. Habíamos dado con el Ferrá Adriá de Nara!! Es un saco hecho con algo rebozado y frito con textura dura, que no llegaron a saber de qué se trataba... podía ser tripa de ciervo, piel de ciervo... mejor no pensarlo. El saco se abre al servirlo y su contenido de noodles se vierte en el caldo.
Después de comer volvemos al tren y caemos en la cuenta de que nos pilla de camino el famoso templo de Fushimi Inari Shrine. El de los toriis naranjas, para que nos entendamos todos. Está sólo a dos paradas antes de Kyoto volviendo de Nara. Nada más poner el pie en el andén del tren ya hay toriis por todas partes, y el recinto del templo se encuentra cruzando la calle, lo que se agradece.
Sara y yo íbamos con muchas ganas a esta visita. Ella porque le gustan los toriis, y yo porque es uno de los sitios ideales para inflarse a hacer fotos. El recorrido completo son varios kilómetros y se necesitan al menos 2 horas para recorrerlo todo. El que nosotros no pasáramos de los dos primeros túneles, no se debió al tiempo, que de eso teníamos de sobra, ni al calor, ya que estábamos por zona de sombra, si no que éramos el blanco perfecto para los miles de millones de mosquitos que vivían agazapados entre los toriis esperando nuestra llegada.
Fue un no parar, sólo se oían manotazos en las piernas matando mosquitos, y para estar pasándolo mal, nos fuimos. Una pena, pero después de estar acumulando veneno en nuestra sangre durante 16 días y sin un milímetro de piel sana en las piernas, cualquiera se arriesgaba a quedarse allí...
Al terminar la excursión más pronto de lo esperado, nos dio tiempo a pasar por el albergue a descansar un ratito y buscar algún sitio para cenar. Nos recomiendan un sitio para comer sushi, en la zona del rio, porque Samu sigue empeñado con que no ha comido sushi todavía (tiene la misma memoria que Dori la de Buscando a Nemo).
Resulta ser un restaurante de sushi giratorio donde vas cogiendo platos de colores, cada uno con un precio diferente, pero a esas horas ya no lo tienen disponible y se pide de la carta. Eso sí, de forma remota mediante un iPad instalado en la mesa. Muy chulo y nada caro para ser un sitio de sushi. La anédota de la cena fue que la camarera que nos atendía, hablaba castellano perfectamente porque había estado viendo en España con su novio catalán. En el sitio menos esperado te encuentras a gente muy curiosa.
Al salir del restaurante vamos a pasear por Gion, el barrio antiguo de las Geishas, aprovechando que no hay oleadas de gente que como paparazzis, intentan capturar la imagen de alguna geisha de la zona. Y lo mismo que nosotros debieron pensar las 2 que vimos, jejeje. Sin tenerlo previsto, allí estaban. Ya podemos tacharlo de la lista de "Cosas a hacer si vas a Japón".
Y sin más que hacer por hoy, vuelta al albergue en taxi, que mañana será otro día.
viernes, 16 de agosto de 2013
Quema de rastrojos
Día 16 de Agosto:
Buenos días desde Kyoto! Hoy el día promete ya que tenemos alquiladas unas bicis para ir visitando la ciudad, lo que hará que nos ahorremos caminatas bajo el sol y la humedad.
Cogemos fuerzas con el desayuno del albergue. Es una mezcla entre continental (café, bollería y tostadas) y japonés (té sin azúcar y arroz). De la leche ni rastro...así que toca beberse de trago el té sin respirar para no notar el sabor y ponerse en marcha.
Las bicis están muy poco usadas y son bastante cómodas para pasear, con su cestita, su timbre, sus marchas.. aunque a Edu le queda un poco pequeña ya que están pensadas para tamaño japonés.
Como la pandilla de verano azul, vamos pedaleando hasta el templo Nishi-Hongan-ji. Es patrimonio de la humanidad y su estructura de madera con enormes columnas y su sala de rezo con los tatamis y el altar, bien merecen la visita. Además es gratuito aunque se admiten donaciones.
El siguiente punto del mapa está al norte: el Castillo Nimenji. Realmente tiene poco de castillo, Es más bien un palacete en mitad de un parque bastante seco, que cuesta 600 yenes entrar y lo único que se puede ver es una exposición de los paneles japoneses que separaban las estancias. Están forrados de pan de oro y adornadas con pinturas de animales o árboles en flor. Son bonitos, pero no nos dejan hacer fotos. Una curiosidad es que el suelo de madera del palacio, emite un sonido parecido al canto de un pájaro cuando se pisa sobre él. Esta técnica se utilizaba para controlar el paso de personas.
Creo que la visita es curiosa pero la desmerecen el calor insoportable y la prohibición de hacer fotografías en el interior. De hecho mientras salíamos del recinto, Grego ya iba levantando la voz diciendo que "menudo timo"y quién lo fue a escuchar??? pues un grupo de españoles, que se dieron media vuelta de la misma.
De aquí la siguiente parada será el palacio imperial donde residía el emperador antes de trasladarse a Tokyo, y que ahora se utiliza de residencia de verano. Vamos a probar suerte ya que las visitas, a pesar de ser gratuitas, se hacen en grupo guiado y bajo previa reserva, y nosotros no la hemos conseguido.
Al parecer merece mucho la pena verlo, por el edificio y el jardín, pero si no se tiene la suerte de tener reserva o conseguir plaza allí mismo en la oficina, a no ser que se quiera pasear por un gran parque, no hay que molestarse en ir ya que el palacio no se puede ver desde fuera de los muros.
Como todos los días, se nos hacía tarde para comer incluso para un español y no teníamos ni idea de dónde ir. A eso le sumamos que era un día de fiesta y la mayoría de los sitios estaban cerrados. Encontramos un restaurante donde hacían curries (es curioso la de sitios de curry que vamos viendo ya). Nos dicen que están a punto de cerrar y que además no tienen comida suficiente para darnos de comer a los 6. No es la primera vez que nos pasa esto, y nos sorprende enormemente, porque una cosa es que se te acabe la ración de pulpo, pero si eres un restaurante sólo de curries, y te quedas sin carne para hacerlo.. una de dos, o no eres muy previsor o los productos que se consumen son tan frescos que las cantidades que manejan son las justas para el día. En fin... resumiendo, que me lio... el tipo del restaurante no sólo nos pide disculpas sino que nos ayuda a encontrar otro sitio donde nos den de comer. ¿A que todos los camareros españoles nos harían lo mismo? Claaaaaroooo que no, jajajajajaja.
Un poco más adelante siguiendo con las bicicletas, encontramos un sitio donde sirven ramen con un caldo de huesos de cerdo que es la especialidad del lugar. El sitio está pensado para comer rápido e irse. De hecho la comida se encarga mediante una máquina expendedora de tickets que hay en la entrada. Creo que esto lo he explicado ya en alguna otra entrada..
Un rato después, con la panza llena de riquísimo ramen y 780 yenes menos en el bolsillo, volvemos a coger nuestras bicicletas, rumbo al este de la ciudad para visitar el templo de Kiyomizu-dera. Por esa misma ruta se encuentran al menos otros 4 templos más, pero dada la hora que es, no tenemos tiempo de pararnos a verlos porque a las 18:00 cierran y aún nos queda un trecho en bici y una cuesta andando hasta llegar a la parte alta donde se encuentra el templo.
Este templo es conocido por 3 cosas: su mirador sobre Kyoto, su santuario para los que buscan el amor y su fuente de los 3 chorros. Se puede visitar por 300 yenes (en primavera y otoño es más caro)
El mirador, majestuoso, podría haberme quedado allí toda la tarde si no fuera por los cientos de personas que se agolpaban y que daban la sensación de hacer quebrar las vigas de madera que sirven de base.
El santuario del amor, pequeñito pero gracioso, con sus dos piedras enfrentadas que deben encontrarse caminando con los ojos cerrados. Este camino simboliza la búsqueda del amor. Allí estuvimos haciendo la prueba mientras nos hacían corrillo y superamos la prueba con alguna ayudita final, jijijii.
La fuente, refrescante, con aguas terapéuticas según dicen. Consta de tres chorros que salen de la piedra y de los cuales hay que beber con unas tazas con mango largo para conseguir salud, longevidad o éxito en los estudios. En el momento de beber no sabíamos qué representaba cada chorro, pero nos fijamos que los jóvenes iban al tercero y la gente mayor al primero. El segundo se quedaba para los que esperaban por el primero pero se quedaban sin sitio. Así que elegimos el primero, la salud. Samu se bebió 2 vasos y bromeamos con que la avaricia le va a provocar el efecto contrario ( y a día de hoy, se encuentra con el brazo en cabestrillo después de salírsele el hombro jugando al pádel, a la vez que está con diarrea, ¿casualidad? jejeje)
Recogemos a la salida a Grego y Sara, que no tenían el día de ver más templos después de la decepción del castillo Nimenji y volvemos al albergue para descansar un poco antes de salir por la noche a ver arder los montes.
Hoy día 16 se pone fin a la fiesta del Obon, la visita de los difuntos a sus familias terrenales, mediante el Gozan no Okuribi. Cincos hogueras de grandes dimensiones se encienden en los montes que rodean Kyoto, para que los espíritus vuelvan a su mundo.
Es posible verlas dos de ellas desde la zona del rio Kamo, si se consigue subir a alguna terraza de algún edificio. Después de intentar en varios sitios y que nos rechazaran con distintos motivos, encontramos sitio en una donde ofrecen un menú con "all you can drink", pero que no nos convence porque falta sólo 1 hora para que cierren y no lo van a amortizar, así que pedimos platos sueltos y parrilla de carne. El sitio está animado porque todos los grupos de japoneses llevan horas allí bebiendo todo el vino que han podido. Sólo se alcanza a ver una de las hogueras, pero más que suficiente.
La anécdota de la noche, la ración de queso con crackers, por 500 yenes (unos 4 euros), donde venían 3 quesitos del caserio de sabores a pimiento, mostaza y queso y 4 crackers. La-men-ta-ble, como diría mi amigo Villar.
La noche no promete nada, pero como estos se han quedado con las ganas de tomarse algo, buscamos algún bar. En la zona del canal, en un segundo piso, se anuncia el Moonwalk, un bar con copas por 200 yenes. Demasiado tentador como para no probar. La oferta es real, pero el truco está en el impuesto revolucionario de 400 yenes por persona, por el uso del bar.
Lo que parecía iba a ser una noche sin más, resultó ser la más divertida que pasamos en todo el viaje. Convertimos el bar en toda una fiesta y los camareros terminaron poniendo La Macarena. Hicimos bailar a todos, nos echamos un colega con una borrachera, que tan pronto se quedaba dormido en la barra como se venía arriba y se liaba a hacer brindis. Su amigo intentaba ligar con unas chicas de la mesa de al lado mientras bailaba como Pete el Anguila. Una de ellas parecía la niña de The Ring justo al salir del pozo. Pálida, con el pelo negro en la cara y mirando fijamente. De impresión.
La verdad es que no sé cómo en tan pocos metros cuadrados, se pudo juntar gente tan dispar al mismo tiempo. Teníamos a una pareja de japonesas que bailaban como si les estuviese dando un ataque epiléptico, a una japonesa con dientes de castor, apodada Maria Antonieta, en apariencia modosita pero que se arrimaba e intentaba liarse con todos y todas las que se pusieran delante...
Allí dejamos a toda la fauna y nos vamos al albergue en taxi a disfrutar de nuestro barracón con litera privada.
Buenos días desde Kyoto! Hoy el día promete ya que tenemos alquiladas unas bicis para ir visitando la ciudad, lo que hará que nos ahorremos caminatas bajo el sol y la humedad.
Cogemos fuerzas con el desayuno del albergue. Es una mezcla entre continental (café, bollería y tostadas) y japonés (té sin azúcar y arroz). De la leche ni rastro...así que toca beberse de trago el té sin respirar para no notar el sabor y ponerse en marcha.
Las bicis están muy poco usadas y son bastante cómodas para pasear, con su cestita, su timbre, sus marchas.. aunque a Edu le queda un poco pequeña ya que están pensadas para tamaño japonés.
Como la pandilla de verano azul, vamos pedaleando hasta el templo Nishi-Hongan-ji. Es patrimonio de la humanidad y su estructura de madera con enormes columnas y su sala de rezo con los tatamis y el altar, bien merecen la visita. Además es gratuito aunque se admiten donaciones.
El siguiente punto del mapa está al norte: el Castillo Nimenji. Realmente tiene poco de castillo, Es más bien un palacete en mitad de un parque bastante seco, que cuesta 600 yenes entrar y lo único que se puede ver es una exposición de los paneles japoneses que separaban las estancias. Están forrados de pan de oro y adornadas con pinturas de animales o árboles en flor. Son bonitos, pero no nos dejan hacer fotos. Una curiosidad es que el suelo de madera del palacio, emite un sonido parecido al canto de un pájaro cuando se pisa sobre él. Esta técnica se utilizaba para controlar el paso de personas.
Creo que la visita es curiosa pero la desmerecen el calor insoportable y la prohibición de hacer fotografías en el interior. De hecho mientras salíamos del recinto, Grego ya iba levantando la voz diciendo que "menudo timo"y quién lo fue a escuchar??? pues un grupo de españoles, que se dieron media vuelta de la misma.
De aquí la siguiente parada será el palacio imperial donde residía el emperador antes de trasladarse a Tokyo, y que ahora se utiliza de residencia de verano. Vamos a probar suerte ya que las visitas, a pesar de ser gratuitas, se hacen en grupo guiado y bajo previa reserva, y nosotros no la hemos conseguido.
Al parecer merece mucho la pena verlo, por el edificio y el jardín, pero si no se tiene la suerte de tener reserva o conseguir plaza allí mismo en la oficina, a no ser que se quiera pasear por un gran parque, no hay que molestarse en ir ya que el palacio no se puede ver desde fuera de los muros.
Como todos los días, se nos hacía tarde para comer incluso para un español y no teníamos ni idea de dónde ir. A eso le sumamos que era un día de fiesta y la mayoría de los sitios estaban cerrados. Encontramos un restaurante donde hacían curries (es curioso la de sitios de curry que vamos viendo ya). Nos dicen que están a punto de cerrar y que además no tienen comida suficiente para darnos de comer a los 6. No es la primera vez que nos pasa esto, y nos sorprende enormemente, porque una cosa es que se te acabe la ración de pulpo, pero si eres un restaurante sólo de curries, y te quedas sin carne para hacerlo.. una de dos, o no eres muy previsor o los productos que se consumen son tan frescos que las cantidades que manejan son las justas para el día. En fin... resumiendo, que me lio... el tipo del restaurante no sólo nos pide disculpas sino que nos ayuda a encontrar otro sitio donde nos den de comer. ¿A que todos los camareros españoles nos harían lo mismo? Claaaaaroooo que no, jajajajajaja.
Un poco más adelante siguiendo con las bicicletas, encontramos un sitio donde sirven ramen con un caldo de huesos de cerdo que es la especialidad del lugar. El sitio está pensado para comer rápido e irse. De hecho la comida se encarga mediante una máquina expendedora de tickets que hay en la entrada. Creo que esto lo he explicado ya en alguna otra entrada..
Un rato después, con la panza llena de riquísimo ramen y 780 yenes menos en el bolsillo, volvemos a coger nuestras bicicletas, rumbo al este de la ciudad para visitar el templo de Kiyomizu-dera. Por esa misma ruta se encuentran al menos otros 4 templos más, pero dada la hora que es, no tenemos tiempo de pararnos a verlos porque a las 18:00 cierran y aún nos queda un trecho en bici y una cuesta andando hasta llegar a la parte alta donde se encuentra el templo.
Este templo es conocido por 3 cosas: su mirador sobre Kyoto, su santuario para los que buscan el amor y su fuente de los 3 chorros. Se puede visitar por 300 yenes (en primavera y otoño es más caro)
El mirador, majestuoso, podría haberme quedado allí toda la tarde si no fuera por los cientos de personas que se agolpaban y que daban la sensación de hacer quebrar las vigas de madera que sirven de base.
El santuario del amor, pequeñito pero gracioso, con sus dos piedras enfrentadas que deben encontrarse caminando con los ojos cerrados. Este camino simboliza la búsqueda del amor. Allí estuvimos haciendo la prueba mientras nos hacían corrillo y superamos la prueba con alguna ayudita final, jijijii.
La fuente, refrescante, con aguas terapéuticas según dicen. Consta de tres chorros que salen de la piedra y de los cuales hay que beber con unas tazas con mango largo para conseguir salud, longevidad o éxito en los estudios. En el momento de beber no sabíamos qué representaba cada chorro, pero nos fijamos que los jóvenes iban al tercero y la gente mayor al primero. El segundo se quedaba para los que esperaban por el primero pero se quedaban sin sitio. Así que elegimos el primero, la salud. Samu se bebió 2 vasos y bromeamos con que la avaricia le va a provocar el efecto contrario ( y a día de hoy, se encuentra con el brazo en cabestrillo después de salírsele el hombro jugando al pádel, a la vez que está con diarrea, ¿casualidad? jejeje)
Recogemos a la salida a Grego y Sara, que no tenían el día de ver más templos después de la decepción del castillo Nimenji y volvemos al albergue para descansar un poco antes de salir por la noche a ver arder los montes.
Hoy día 16 se pone fin a la fiesta del Obon, la visita de los difuntos a sus familias terrenales, mediante el Gozan no Okuribi. Cincos hogueras de grandes dimensiones se encienden en los montes que rodean Kyoto, para que los espíritus vuelvan a su mundo.
Es posible verlas dos de ellas desde la zona del rio Kamo, si se consigue subir a alguna terraza de algún edificio. Después de intentar en varios sitios y que nos rechazaran con distintos motivos, encontramos sitio en una donde ofrecen un menú con "all you can drink", pero que no nos convence porque falta sólo 1 hora para que cierren y no lo van a amortizar, así que pedimos platos sueltos y parrilla de carne. El sitio está animado porque todos los grupos de japoneses llevan horas allí bebiendo todo el vino que han podido. Sólo se alcanza a ver una de las hogueras, pero más que suficiente.
La anécdota de la noche, la ración de queso con crackers, por 500 yenes (unos 4 euros), donde venían 3 quesitos del caserio de sabores a pimiento, mostaza y queso y 4 crackers. La-men-ta-ble, como diría mi amigo Villar.
La noche no promete nada, pero como estos se han quedado con las ganas de tomarse algo, buscamos algún bar. En la zona del canal, en un segundo piso, se anuncia el Moonwalk, un bar con copas por 200 yenes. Demasiado tentador como para no probar. La oferta es real, pero el truco está en el impuesto revolucionario de 400 yenes por persona, por el uso del bar.
Lo que parecía iba a ser una noche sin más, resultó ser la más divertida que pasamos en todo el viaje. Convertimos el bar en toda una fiesta y los camareros terminaron poniendo La Macarena. Hicimos bailar a todos, nos echamos un colega con una borrachera, que tan pronto se quedaba dormido en la barra como se venía arriba y se liaba a hacer brindis. Su amigo intentaba ligar con unas chicas de la mesa de al lado mientras bailaba como Pete el Anguila. Una de ellas parecía la niña de The Ring justo al salir del pozo. Pálida, con el pelo negro en la cara y mirando fijamente. De impresión.
La verdad es que no sé cómo en tan pocos metros cuadrados, se pudo juntar gente tan dispar al mismo tiempo. Teníamos a una pareja de japonesas que bailaban como si les estuviese dando un ataque epiléptico, a una japonesa con dientes de castor, apodada Maria Antonieta, en apariencia modosita pero que se arrimaba e intentaba liarse con todos y todas las que se pusieran delante...
Allí dejamos a toda la fauna y nos vamos al albergue en taxi a disfrutar de nuestro barracón con litera privada.
jueves, 15 de agosto de 2013
Goodbye Aso. Hello Kyoto!!
Día 15 de Agosto:
Dejamos con tristeza el albergue de Aso por la incertidumbre de saber qué tugurios nos esperarán y lo mucho que nos acordaremos de lo bien que estuvimos aquí...
Salimos pronto para llegar a tiempo a devolver el coche a Kumamoto. Todo sin problemas. Prueba superada sin rayones, golpes, accidentes... Cuando los de la agencia de alquiler nos vieron aparecer se les puso una sonrisa en la cara.. de esas de "Uff, estos han llegado sanos y salvos, y eso no que no dábamos un duro por ellos"
De Kumamoto hasta Kyoto nos esperan 780 kilómetros. En tren bala son unas 4 horas, incluido el transbordo que tenemos que hacer en Shin-Osaka, que aprovechamos para comer unos dim-sum del 511 en mitad de un pasillo de la estación. Esta estación ya empieza a ser nuestro segundo hogar.
Hoy será un gran día porque, atención, ¡¡ NO NOS HEMOS PERDIDO PARA LLEGAR AL ALBERGUE!!
La verdad que el sitio está muy chulo. Se llama Piece Hostel y está al lado de la estación de Kyoto, por lo que nos viene muy bien a la hora de desplazarnos. Está recién inaugurado y la decoración es muy moderna. Las únicas pegas son que hay que bajar a la planta de recepción, cocina y zona común para ducharse y que la habitación comunal parece un barracón alemán, con sus literas hechas de madera y metal.
Salimos a dar un paseo por la zona de bares y restaurantes con vistas al rio, que llaman Potoncho. Se llega desde una gran avenida con aceras cubiertas con miles de tiendas de ropa, accesorios para geishas (peines, pañuelos, bolsos, sandalias, kimonos..), tiendas de comida rápida.., y se accede por una callejuela muy pequeña donde tienen la entrada los restaurantes que dan al rio. Dicen que a pesar de estar en un lugar idílico, no son muy caros, pero hoy no los probaremos.
Samu y yo nos retiramos por hoy porque ni tenemos ganas de cenar del cansancio que llevamos, así que nos cogemos el metro y directos al albergue.
María, Edu, Grego y Sara se quedarán por la zona cenando y volverán pronto al albergue también.
Hoy el día no ha dado para mucho por el viaje largo en tren, pero esperemos que el resto de la estancia en Kyoto mejore.
Dejamos con tristeza el albergue de Aso por la incertidumbre de saber qué tugurios nos esperarán y lo mucho que nos acordaremos de lo bien que estuvimos aquí...
Salimos pronto para llegar a tiempo a devolver el coche a Kumamoto. Todo sin problemas. Prueba superada sin rayones, golpes, accidentes... Cuando los de la agencia de alquiler nos vieron aparecer se les puso una sonrisa en la cara.. de esas de "Uff, estos han llegado sanos y salvos, y eso no que no dábamos un duro por ellos"
De Kumamoto hasta Kyoto nos esperan 780 kilómetros. En tren bala son unas 4 horas, incluido el transbordo que tenemos que hacer en Shin-Osaka, que aprovechamos para comer unos dim-sum del 511 en mitad de un pasillo de la estación. Esta estación ya empieza a ser nuestro segundo hogar.
Hoy será un gran día porque, atención, ¡¡ NO NOS HEMOS PERDIDO PARA LLEGAR AL ALBERGUE!!
La verdad que el sitio está muy chulo. Se llama Piece Hostel y está al lado de la estación de Kyoto, por lo que nos viene muy bien a la hora de desplazarnos. Está recién inaugurado y la decoración es muy moderna. Las únicas pegas son que hay que bajar a la planta de recepción, cocina y zona común para ducharse y que la habitación comunal parece un barracón alemán, con sus literas hechas de madera y metal.
Salimos a dar un paseo por la zona de bares y restaurantes con vistas al rio, que llaman Potoncho. Se llega desde una gran avenida con aceras cubiertas con miles de tiendas de ropa, accesorios para geishas (peines, pañuelos, bolsos, sandalias, kimonos..), tiendas de comida rápida.., y se accede por una callejuela muy pequeña donde tienen la entrada los restaurantes que dan al rio. Dicen que a pesar de estar en un lugar idílico, no son muy caros, pero hoy no los probaremos.
Samu y yo nos retiramos por hoy porque ni tenemos ganas de cenar del cansancio que llevamos, así que nos cogemos el metro y directos al albergue.
María, Edu, Grego y Sara se quedarán por la zona cenando y volverán pronto al albergue también.
Hoy el día no ha dado para mucho por el viaje largo en tren, pero esperemos que el resto de la estancia en Kyoto mejore.
miércoles, 14 de agosto de 2013
Temblor en la cueva
Día 14 de Agosto:
Hoy va a ser un día guay, y es que por una vez no tenemos que marcharnos a otro sitio, ni tenemos prisa. Hoy será todo relax y tranquilidad. Nuestros destinos hoy serán: subir al cráter del monte aso para ver la fumarola y meternos a remojo en los onsen del pueblo Kurokawaso.
Empezamos por el volcán, ya que nos queda muy cerca del albergue, pero nuestro gozo en un pozo. Como bien nos indicaba el vigilante de la carretera de acceso, con un gesto de ahogamiento agarrándose el cuello con las dos manos, el volcán hoy está demasiado flatulento y está cerrado el paso.
Bueno, pues nada, tendremos más tiempo para tener el culete a remojo en los onsen, jejeje. El pueblo entero está dedicado a la restauración y los onsens. Es una zona muy famosa por las aguas termales, y el emplazamiento del pueblo en plena naturaleza, lo hace un destino exclusivo y solicitado. Nos fue imposible encontrar alojamiento aquí, así que tendremos que visitar únicamente los 3 más famosos, utilizando el pase de 3 onsen por 1200 yenes que se compra en la oficina de turismo.
Explico el funcionamiento de un onsen, para que no se confunda con un "spa" europeo. El onsen suele tener espacios abiertos y espacios cerrados. Son aguas termales que manan a 80 grados, pero que mezclan con agua fría, quedando a unos 36 grados aproximadamente. En verano no es nada refrescante, la verdad, pero en invierno, con el exterior nevado y el agua calentita, tiene que se una pasada. Los distintos baños del onsen, se dividen en femeninos, masculinos o mixtos. Se entra en una zona de vestuario donde se deja toda la ropa, y como Dios nos trajo al mundo se va al agua. En algunos disponen de zonas previas de ducha y en otros están para ducharse al final. No es sólo cuestión de higiene, si no que las aguas termales tienen cierto tufillo a azufre, bomba fétida o huevo podrido, lo que más os guste, y conviene quitarse ese olor.
El primero que visitamos tiene zona femenina con dos baños y una zona mixta. Al ser el primero, nos sorprende por la novedad, aunque no será ni de lejos el mejor.
El segundo está en un complejo de pasadizos en una cueva, separado en femenino y dos masculinos. Uno de los de los chicos, está en plena calle, por donde tienen que pasearse con todos sus atributos al aire mientras la gente que pasea por el pueblo, o que está dentro de tiendas y restaurantes, les miran por la ventana.
Para llegar al último tenemos que coger el coche. Nada más entrar a la recepción del ryokan, ya se ve que es un sitio de categoría. Tiene 2 zonas masculinas y 2 femeninas. Se encuentra en plena naturaleza, al borde de un río y frente a una cascada, que se ilumina por la noche. Aunque está prohibidísimo, conseguí hacer fotos, porque por mucho que lo intente describir, no iba a quedar tan bonito como verlo.
Eso sí, tuve que esperar a que se fuera todo el mundo, con lo que el resto del grupo tuvo que esperar bastante tiempo fuera, y la bronca me la llevé (con razón, pero la foto también me la llevé y luego todos querrán enseñarla para dar envidia)
Ya es noche cerrada y el GPS parece no encontrarse entre tanta montaña, así que terminamos perdidos, donde se acababa la carretera y sólo había una chabola con unos balones de fútbol gigantes en la puerta, que en el interior parecían tener antenas. ¿Dónde estamos metidos? ¿Una base secreta del gobierno con satélites camuflados tal vez?
Media vuelta y a salir pitando de allí. Hacemos algo de compra para cenar en el albergue. Al llegar tenemos paquete sorpresa de parte de Yae, la japonesita de ayer que fue tan maja con nosotros. Nos ha dejado una bolsa llena de regalitos para todos y una carta agradeciéndonos haberles hecho pasar tan buen rato anoche. Adoro a estos japos!!!
Hoy conoceremos a Asusa, una japonesa un tanto atípica, de Tokyo, que habla perfecto inglés y muy buen español, aunque con acento mejicano, jejeje. Acribillamos a preguntas a la pobre chica sobre todas las dudas existenciales que se nos han ido quedando en el tintero sobre la cultura japonesa. ¿qué es el bicho con sombrero, tetas caidas y huevos gordos que hay en todas las tiendas? ¿quién fue Hatori Hanso? ¿cuál es el precio medio de los coches en Japón? Vamos, lo que cualquiera ha querido saber siempre.
Todos a la cama y yo a escribir el blog, para ir adelantando un poco el retraso de días que llevo. Un poco más y casi me pongo al día, sorry. Sed pacientes.
Hoy va a ser un día guay, y es que por una vez no tenemos que marcharnos a otro sitio, ni tenemos prisa. Hoy será todo relax y tranquilidad. Nuestros destinos hoy serán: subir al cráter del monte aso para ver la fumarola y meternos a remojo en los onsen del pueblo Kurokawaso.
Empezamos por el volcán, ya que nos queda muy cerca del albergue, pero nuestro gozo en un pozo. Como bien nos indicaba el vigilante de la carretera de acceso, con un gesto de ahogamiento agarrándose el cuello con las dos manos, el volcán hoy está demasiado flatulento y está cerrado el paso.
Bueno, pues nada, tendremos más tiempo para tener el culete a remojo en los onsen, jejeje. El pueblo entero está dedicado a la restauración y los onsens. Es una zona muy famosa por las aguas termales, y el emplazamiento del pueblo en plena naturaleza, lo hace un destino exclusivo y solicitado. Nos fue imposible encontrar alojamiento aquí, así que tendremos que visitar únicamente los 3 más famosos, utilizando el pase de 3 onsen por 1200 yenes que se compra en la oficina de turismo.
Explico el funcionamiento de un onsen, para que no se confunda con un "spa" europeo. El onsen suele tener espacios abiertos y espacios cerrados. Son aguas termales que manan a 80 grados, pero que mezclan con agua fría, quedando a unos 36 grados aproximadamente. En verano no es nada refrescante, la verdad, pero en invierno, con el exterior nevado y el agua calentita, tiene que se una pasada. Los distintos baños del onsen, se dividen en femeninos, masculinos o mixtos. Se entra en una zona de vestuario donde se deja toda la ropa, y como Dios nos trajo al mundo se va al agua. En algunos disponen de zonas previas de ducha y en otros están para ducharse al final. No es sólo cuestión de higiene, si no que las aguas termales tienen cierto tufillo a azufre, bomba fétida o huevo podrido, lo que más os guste, y conviene quitarse ese olor.
El primero que visitamos tiene zona femenina con dos baños y una zona mixta. Al ser el primero, nos sorprende por la novedad, aunque no será ni de lejos el mejor.
El segundo está en un complejo de pasadizos en una cueva, separado en femenino y dos masculinos. Uno de los de los chicos, está en plena calle, por donde tienen que pasearse con todos sus atributos al aire mientras la gente que pasea por el pueblo, o que está dentro de tiendas y restaurantes, les miran por la ventana.
Para llegar al último tenemos que coger el coche. Nada más entrar a la recepción del ryokan, ya se ve que es un sitio de categoría. Tiene 2 zonas masculinas y 2 femeninas. Se encuentra en plena naturaleza, al borde de un río y frente a una cascada, que se ilumina por la noche. Aunque está prohibidísimo, conseguí hacer fotos, porque por mucho que lo intente describir, no iba a quedar tan bonito como verlo.
Eso sí, tuve que esperar a que se fuera todo el mundo, con lo que el resto del grupo tuvo que esperar bastante tiempo fuera, y la bronca me la llevé (con razón, pero la foto también me la llevé y luego todos querrán enseñarla para dar envidia)
Ya es noche cerrada y el GPS parece no encontrarse entre tanta montaña, así que terminamos perdidos, donde se acababa la carretera y sólo había una chabola con unos balones de fútbol gigantes en la puerta, que en el interior parecían tener antenas. ¿Dónde estamos metidos? ¿Una base secreta del gobierno con satélites camuflados tal vez?
Media vuelta y a salir pitando de allí. Hacemos algo de compra para cenar en el albergue. Al llegar tenemos paquete sorpresa de parte de Yae, la japonesita de ayer que fue tan maja con nosotros. Nos ha dejado una bolsa llena de regalitos para todos y una carta agradeciéndonos haberles hecho pasar tan buen rato anoche. Adoro a estos japos!!!
Hoy conoceremos a Asusa, una japonesa un tanto atípica, de Tokyo, que habla perfecto inglés y muy buen español, aunque con acento mejicano, jejeje. Acribillamos a preguntas a la pobre chica sobre todas las dudas existenciales que se nos han ido quedando en el tintero sobre la cultura japonesa. ¿qué es el bicho con sombrero, tetas caidas y huevos gordos que hay en todas las tiendas? ¿quién fue Hatori Hanso? ¿cuál es el precio medio de los coches en Japón? Vamos, lo que cualquiera ha querido saber siempre.
Todos a la cama y yo a escribir el blog, para ir adelantando un poco el retraso de días que llevo. Un poco más y casi me pongo al día, sorry. Sed pacientes.
martes, 13 de agosto de 2013
Piratas de Tacachiho
Día 13 de Agosto:
Rápidos como el viento en un Sakura, llegamos a Kumamoto en 30 minutos. Justo a tiempo para volvernos a perder buscando la agencia de alquiler del coche. El día que lleguemos a la primera a un sitio me va a parecer raro, porque esto se está convirtiendo en costumbre.
Bueno, llegó la prueba de fuego, conducir un coche de 8 plazas con el volante a la derecha y por el carril contrario. Pero adelanto que Grego ha superado el reto con nota. Aunque algún "Grego! a la izquierda!" se le escapa a Edu, que va con el culillo un poco apretado dudando de la conducción de Grego.
El GPS del coche es un mix entre inglés y japonés, así que la chica de la agencia nos guarda los destinos que visitaremos estos días para no tener que pelearnos con el aparato.
Preparados! Listos! Ya! Salimos como balas hacia nuestro primer punto. Bueno, como balas va a ser que no, porque para hacer 90km tardaremos 1 hora y media. Los límites son un poco de risa, y claro, al ser novatos, vamos respetando las normas.
El paisaje que nos rodea podría describirse como una mezcla entre Suiza, las Highlands escocesas y Asturias. Incluso vemos vaquitas.
"Ha llegado a su destino" nos dice el GPS. Y tanto que hemos llegado. Ya está todo lleno de autobuses de japoneses, los accesos a los parkings cortado por estar completos.. y eso que estamos en mitad de una isla donde nadie va, y a donde no es sencillo llegar sin coche. En fin, hacemos la del español que se hace el loco como que no entiende las normas y aparcamos en el parking de un hotel.
El lugar que vamos a visitar se llama Tacachiho Gorge y es un cañón por el que discurre un río. El entorno es muy bonito, y se ofrecen distintos entretenimientos. Uno de ellos es recorrer el cañón en barca. Reservamos 2 barcas para casi 4 horas después, por la cantidad de gente que hay esperando para lo mismo. Otra opción es hacer el recorrido por arriba, en un agradable paseillo que no lleva más de media hora. Todavía queda rato para nuestro turno, así que vamos en busca de algo para comer.
Hay pocas opciones, pinchos a la brasa, pescados espetados que has debido pescarte tú previamente en una charca.. pero uno sobre todo nos llama la atención. Se trata de un restaurante donde se come "soba" (fideos finos frios). Pero la gracia está en que se comen de un bambú con corriente de agua, por el que el cocinero va echando puñaditos de soba. Hay que ser un poquito hábil con los palillos o los fideos pasarán por delante de tus narices y te quedarás sin comer. No, es broma, comer comes todos, porque los que van cayendo por la corriente, van a parar a un colador, que te traen al final para que termines de comer. Sólo Sara se anima con nostros a probar el invento.
Seguimos esperando. Parece que va a llover y nos resguardamos debajo de una lona. María y Samu se quedan dormidos encima de un banco y una mesa, Todos los japoneses que pasan a su lado les sacan una foto como si fuesen parte del paisaje.
Por fin nos llega el turno para las barquichuelas. Llegamos como un elefante en una cacharrería, sin esperar cola, hablando a gritos como siempre.. Ya hemos conseguido ser el centro de atención y que todo el mundo esté pendiente de nosotros, y es que somos los únicos occidentales que hay.
El paseito dura 30 minutos y por 2000 yenes tienes una barca de remos para 3 personas. El recorrido total por el cañón no creo que sean más de 500 metros, pero entre los virajes involuntarios del remero, las paradas para hacer fotos, los adelantamientos, choques y esquivos que tenemos que hacer con otras barcas, nos retrasan para llegar hasta el final y dar la vuelta para devolver las barcas a tiempo. Nos hemos dividido en 2 grupos: Edu, María y yo en una barca, con Edu a los mandos y Sara, Grego y Samu en la otra (ellos se irán turnando a los remos).
El objetivo por el que estos miles de personas vienen hasta este lugar y se meten en una barca, es disfrutar de un paisaje sacado de "Las crónica de Narnia", en la tranquilidad y silencio de la naturaleza más pura. Pues allí estamos nosotros para romperles el ambiente idílico con nuestra carrera de regatas tipo Oxford y Cambridge, mientras Edu se levanta y entona la banda sonora de "Piratas del Caribe", haciendo un eco en todo el cañón que provoca que la gente que está haciendo el camino a pie, se asomen a las barandillas y empiecen a hacer vídeos, fotos..
En esa batalla por la victoria (sin ningún tipo de recompensa, es simplemente cuestión de orgullo), nos chocamos varias veces contra barcas de familias que estaban en nuestro camino, adelantamos entre rocas, la barca del rival se nos engancha por detrás yendo a remolque del esfuerzo de Edu, pero finalmente la meta es para nosotros!!!
Y tal como llegamos nos vamos, dejando de nuevo la paz en el lugar. No sé si fue casualidad, pero justo cuando salíamos dijeron algo por megafonía, yo creo que avisaban de que los occidentales pesados ya se habían ido y animaban a la gente a volver a las barcas.
Recogemos el coche del parking del hotel, sin ninguna multa, ni aviso ni mala cara por parte de nadie.
Marcamos el siguiente punto en el GPS, nuestro albergue en el pueblo de Aso, con la "suerte" de que en lugar de llevarnos al pueblo, nos lleva hasta la base del monte Aso, donde se encuentra el funicular para subir a la boca del volcán.
Son como las 6 de la tarde y todo está desierto, como si hubiesen avisado de que los extraterrestres estaban atacando la tierra y la gente hubiera huido despavorida. Lo malo es que no podemos preguntar a nadie cómo llegar al pueblo, pero lo bueno, es que podemos ver un atardecer de lo más chulo, con un sol naranja potente como si fuese la misma bandera de Japón.
Adivinamos cómo buscar lugares con el GPS a través del número de teléfono. Ya tenemos la ruta. Cuando ya dejábamos atrás el volcán con su cráter humeante de gases sulfurosos, pasamos por un parking donde sólo había una mujer sentada a la puerta de su caravana tomando un té como si nada fuera con ella, mirando hacia el volcán. Estará esperando el advenimiento de los extraterrestres?
o es que tal vez el mineralismo va a llegaarrrr? "Grego písale, no nos vaya a pillar aquí en mitad de la nada y con sólo té sin azúcar para beber!!"
Hoy y mañana estaremos alojados en el albergue "Aso Base backpackers". Pese a que la palabra "albergue" ya provoca comentarios entre el resto del grupo, el lugar es encantador. La decoración perfecta, cuidada al detalle, las estancias comunes limpias y acogedoras. Para esta noche tenemos dos habitaciones dobles y un par de literas. Echamos a suerte quién irá a compartir la habitación con una pareja de alemanes y Grego y Sara son los afortunados esta vez.
Mi habitación tiene sorpresa, y es que cuando apagas la luz, las paredes y el techo brillan como si fuesen estrellas. Uuoooohhhh!!! como diría un japonés sorprendido.
Hoy, aprovechando que el pueblo no es muy grande y que tenemos cocina disponible, los chicos se acercan al super a hacer algo de compra para cenar. Qué ganas tenía ya de cocinar algo! unas ensaladitas con su aceite de oliva, su tomatito y un poco de carne a la plancha sin salsas ni carajos que le quiten sabor.
Después de cenar se nos acercan una parejita de japoneses, que se arrancan a preguntarnos (en japonés, of course) de dónde somos y ya aprovechando el tirón, se quedan charlando con nosotros toda la noche, con traguitos de whisky Suntori y el google translator de por medio. Se llaman Yae (la chica) y Yuske(el chico). Son de cerca de Beppu y son majísimos. A María le dice que es muy guapa porque tiene la cabeza pequeña, jajajajaa, y es que claro, con los almendrones que se gastan aquí, deberemos parecerles de la tribu esa que encogía cabezas.
Unimos al grupo a un par de chicas (inglesa e italiana) y montamos en un momento la Torre de Babel. Inglés, italiano, español, japonés, lenguaje de gestos.. todo vale.
Después de liarla con voces y risas a las tantas de la mañana y tras varias visitas de la dueña lanzando indirectas apagando luces, nos vamos por fin a dormir.
Yo antes veré las constelaciones que tengo en las paredes, jijijiji.
Rápidos como el viento en un Sakura, llegamos a Kumamoto en 30 minutos. Justo a tiempo para volvernos a perder buscando la agencia de alquiler del coche. El día que lleguemos a la primera a un sitio me va a parecer raro, porque esto se está convirtiendo en costumbre.
Bueno, llegó la prueba de fuego, conducir un coche de 8 plazas con el volante a la derecha y por el carril contrario. Pero adelanto que Grego ha superado el reto con nota. Aunque algún "Grego! a la izquierda!" se le escapa a Edu, que va con el culillo un poco apretado dudando de la conducción de Grego.
El GPS del coche es un mix entre inglés y japonés, así que la chica de la agencia nos guarda los destinos que visitaremos estos días para no tener que pelearnos con el aparato.
Preparados! Listos! Ya! Salimos como balas hacia nuestro primer punto. Bueno, como balas va a ser que no, porque para hacer 90km tardaremos 1 hora y media. Los límites son un poco de risa, y claro, al ser novatos, vamos respetando las normas.
El paisaje que nos rodea podría describirse como una mezcla entre Suiza, las Highlands escocesas y Asturias. Incluso vemos vaquitas.
"Ha llegado a su destino" nos dice el GPS. Y tanto que hemos llegado. Ya está todo lleno de autobuses de japoneses, los accesos a los parkings cortado por estar completos.. y eso que estamos en mitad de una isla donde nadie va, y a donde no es sencillo llegar sin coche. En fin, hacemos la del español que se hace el loco como que no entiende las normas y aparcamos en el parking de un hotel.
El lugar que vamos a visitar se llama Tacachiho Gorge y es un cañón por el que discurre un río. El entorno es muy bonito, y se ofrecen distintos entretenimientos. Uno de ellos es recorrer el cañón en barca. Reservamos 2 barcas para casi 4 horas después, por la cantidad de gente que hay esperando para lo mismo. Otra opción es hacer el recorrido por arriba, en un agradable paseillo que no lleva más de media hora. Todavía queda rato para nuestro turno, así que vamos en busca de algo para comer.
Hay pocas opciones, pinchos a la brasa, pescados espetados que has debido pescarte tú previamente en una charca.. pero uno sobre todo nos llama la atención. Se trata de un restaurante donde se come "soba" (fideos finos frios). Pero la gracia está en que se comen de un bambú con corriente de agua, por el que el cocinero va echando puñaditos de soba. Hay que ser un poquito hábil con los palillos o los fideos pasarán por delante de tus narices y te quedarás sin comer. No, es broma, comer comes todos, porque los que van cayendo por la corriente, van a parar a un colador, que te traen al final para que termines de comer. Sólo Sara se anima con nostros a probar el invento.
Seguimos esperando. Parece que va a llover y nos resguardamos debajo de una lona. María y Samu se quedan dormidos encima de un banco y una mesa, Todos los japoneses que pasan a su lado les sacan una foto como si fuesen parte del paisaje.
Por fin nos llega el turno para las barquichuelas. Llegamos como un elefante en una cacharrería, sin esperar cola, hablando a gritos como siempre.. Ya hemos conseguido ser el centro de atención y que todo el mundo esté pendiente de nosotros, y es que somos los únicos occidentales que hay.
El paseito dura 30 minutos y por 2000 yenes tienes una barca de remos para 3 personas. El recorrido total por el cañón no creo que sean más de 500 metros, pero entre los virajes involuntarios del remero, las paradas para hacer fotos, los adelantamientos, choques y esquivos que tenemos que hacer con otras barcas, nos retrasan para llegar hasta el final y dar la vuelta para devolver las barcas a tiempo. Nos hemos dividido en 2 grupos: Edu, María y yo en una barca, con Edu a los mandos y Sara, Grego y Samu en la otra (ellos se irán turnando a los remos).
El objetivo por el que estos miles de personas vienen hasta este lugar y se meten en una barca, es disfrutar de un paisaje sacado de "Las crónica de Narnia", en la tranquilidad y silencio de la naturaleza más pura. Pues allí estamos nosotros para romperles el ambiente idílico con nuestra carrera de regatas tipo Oxford y Cambridge, mientras Edu se levanta y entona la banda sonora de "Piratas del Caribe", haciendo un eco en todo el cañón que provoca que la gente que está haciendo el camino a pie, se asomen a las barandillas y empiecen a hacer vídeos, fotos..
En esa batalla por la victoria (sin ningún tipo de recompensa, es simplemente cuestión de orgullo), nos chocamos varias veces contra barcas de familias que estaban en nuestro camino, adelantamos entre rocas, la barca del rival se nos engancha por detrás yendo a remolque del esfuerzo de Edu, pero finalmente la meta es para nosotros!!!
Y tal como llegamos nos vamos, dejando de nuevo la paz en el lugar. No sé si fue casualidad, pero justo cuando salíamos dijeron algo por megafonía, yo creo que avisaban de que los occidentales pesados ya se habían ido y animaban a la gente a volver a las barcas.
Recogemos el coche del parking del hotel, sin ninguna multa, ni aviso ni mala cara por parte de nadie.
Marcamos el siguiente punto en el GPS, nuestro albergue en el pueblo de Aso, con la "suerte" de que en lugar de llevarnos al pueblo, nos lleva hasta la base del monte Aso, donde se encuentra el funicular para subir a la boca del volcán.
Son como las 6 de la tarde y todo está desierto, como si hubiesen avisado de que los extraterrestres estaban atacando la tierra y la gente hubiera huido despavorida. Lo malo es que no podemos preguntar a nadie cómo llegar al pueblo, pero lo bueno, es que podemos ver un atardecer de lo más chulo, con un sol naranja potente como si fuese la misma bandera de Japón.
Adivinamos cómo buscar lugares con el GPS a través del número de teléfono. Ya tenemos la ruta. Cuando ya dejábamos atrás el volcán con su cráter humeante de gases sulfurosos, pasamos por un parking donde sólo había una mujer sentada a la puerta de su caravana tomando un té como si nada fuera con ella, mirando hacia el volcán. Estará esperando el advenimiento de los extraterrestres?
o es que tal vez el mineralismo va a llegaarrrr? "Grego písale, no nos vaya a pillar aquí en mitad de la nada y con sólo té sin azúcar para beber!!"
Hoy y mañana estaremos alojados en el albergue "Aso Base backpackers". Pese a que la palabra "albergue" ya provoca comentarios entre el resto del grupo, el lugar es encantador. La decoración perfecta, cuidada al detalle, las estancias comunes limpias y acogedoras. Para esta noche tenemos dos habitaciones dobles y un par de literas. Echamos a suerte quién irá a compartir la habitación con una pareja de alemanes y Grego y Sara son los afortunados esta vez.
Mi habitación tiene sorpresa, y es que cuando apagas la luz, las paredes y el techo brillan como si fuesen estrellas. Uuoooohhhh!!! como diría un japonés sorprendido.
Hoy, aprovechando que el pueblo no es muy grande y que tenemos cocina disponible, los chicos se acercan al super a hacer algo de compra para cenar. Qué ganas tenía ya de cocinar algo! unas ensaladitas con su aceite de oliva, su tomatito y un poco de carne a la plancha sin salsas ni carajos que le quiten sabor.
Después de cenar se nos acercan una parejita de japoneses, que se arrancan a preguntarnos (en japonés, of course) de dónde somos y ya aprovechando el tirón, se quedan charlando con nosotros toda la noche, con traguitos de whisky Suntori y el google translator de por medio. Se llaman Yae (la chica) y Yuske(el chico). Son de cerca de Beppu y son majísimos. A María le dice que es muy guapa porque tiene la cabeza pequeña, jajajajaa, y es que claro, con los almendrones que se gastan aquí, deberemos parecerles de la tribu esa que encogía cabezas.
Unimos al grupo a un par de chicas (inglesa e italiana) y montamos en un momento la Torre de Babel. Inglés, italiano, español, japonés, lenguaje de gestos.. todo vale.
Después de liarla con voces y risas a las tantas de la mañana y tras varias visitas de la dueña lanzando indirectas apagando luces, nos vamos por fin a dormir.
Yo antes veré las constelaciones que tengo en las paredes, jijijiji.
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